¡A sonreír!

En un autobús del Inserso, repleto de ancianos, una abuelita se levanta de su asiento, le toca el hombro al chofer y le ofrece un buen puñado de cacahuetes sin cáscara.

El chófer sorprendido le da las gracias y se los come con agrado.
Cinco minutos después, la abuelita repite, el chófer vuelve a agradecerle el gesto y se los come.
Al cabo de unos diez puñados, el chófer ya no puede mas y le pregunta:
– Dígame abuelita, es muy gentil de su parte atiborrarme de cacahuetes pelados, ¿pero usted no cree que a lo mejor sus cuarenta amigos y amiguitas querrían también unos pocos?
– No joven. Son Conguitos, y como no tenemos dientes sólo les chupamos el chocolate.
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YA NO ME PUEDO AGACHAR

Una mañana, un tipo, apreciaba su hermoso cuerpo escultural y al estar admirando su cuerpo frente al espejo, noto que había cogido un bonito bronceado por todo su cuerpo, menos en el pene y decidió hacer algo para remediarlo.
Fue a la playa, se desnudó, se enterró completamente en la arena, exceptuando el pene, para que se le pudiera broncear con el sol..
Un rato más tarde, pasan dos señoras ya mayores, una de ellas se apoyaba en un bastón para caminar mejor. De pronto, una ve ‘el pene’ emergiendo de la arena y empieza a tocarlo con el bastón…
Después le dice a su amiga:
-¡Realmente el mundo no es justo Juanita!’
-¿Que quieres decir?’, pregunta la amiga…
-Cuando tenía 20 años, estaba curiosa por verlo;
-Cuando tenía 30 años,lo disfrute;
-Cuando tenía 40, lo pedía a gritos;
-Cuando tenía 50,pague por él;
-Cuando tenía 60, rogué por él;
-Cuando tuve 70, se me olvido que existía;
y, ahora que tengo 80, esas ‘cosas’ crecen
silvestres y yo…… Ya no me puedo agachar
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LA EMPLEADA:

La empleada doméstica pidió aumento de sueldo.
A la señora no le cayó muy bien la solicitud, así que le preguntó:
– María, ¿por qué crees que mereces que te aumente el sueldo?
– Señora, hay tres razones: la primera es que yo plancho la ropa mejor
que usted.
– ¿Quién te ha dicho que planchas mejor que yo?
– Su esposo, señora.
– ¡Oh, vaya!
La segunda razón es que yo cocino mejor que usted.
– Eso es puro cuento, ¿quién te ha dicho que cocinas mejor que yo?
– También su esposo, señora.
– ¡Ah, caramba!
– La tercera razón y la más importante es que yo follo mejor que usted.
(La señora, muy descompuesta)
– ¿Mi esposo te ha dicho eso?
– No, señora, me lo ha dicho el jardinero.

OBVIAMENTE, LA SEÑORA LE AUMENTÓ EL SUELDO