Hallan el eslabón perdido de las ballenas

Se sabía que provenían del medio terrestre y que habían huido de los depredadores hacia el mar, pero lo que hasta ahora se desconocía era qué pariente de las ballenas fue el último que vivió en la superficie antes de sumergirse al agua para no volver nunca más: El “Indohyus”.


Este animal, el último en la línea evolutiva de los parientes terrestres de los cetáceos y que data de hace unos 48 millones de años, presenta ciertas similitudes con las ballenas en su cráneo y orejas, aunque no así en sus extremidades, ya que tiene pezuñas, según una investigación de científicos de EEUU y La India.

“El Indohyus era más parecido al actual ciervo-ratón hiemosco, también llamado chevrotain”, asegura el profesor Hans Thewissen, del Colegio de Medicina y Farmacia de las universidades del noreste de Ohio (EEUU), quien ha liderado un estudio del que informa en su último número la revista británica “Nature”.

En un artículo de la publicación británica, los científicos explican que hasta ahora se sabía que los artiodáctilos, mamíferos ungulados cuyas extremidades terminan en un número par de dedos, tenían algún tipo de parentesco con las ballenas, pero no se había hallado ejemplar alguno morfológicamente parecido a los cetáceos.

“A diferencia de los otros artiodáctilos, el Indohyus raoellidae (nombre completo) es similar a las ballenas en las estructura de sus orejas y premolares, en la densidad de los huesos de sus miembros y en la composición de sus dientes”, explican los investigadores en la revista.

Y es que el pasado de estos animales amenazados, y de los mamíferos acuáticos en general, ha sido una incógnita que siempre ha interesado despejar a la comunidad científica, toda vez que se llegó a apuntar, incluso, que los hipopótamos eran parientes cercanos de los cetáceos (ballenas, delfines y marsopas).

“Creemos que los Indohyus y sus antepasados se escondían de los depredadores en el agua -como hace ahora el hiemosco-, pero no hemos encontrado unos lazos genealógicos cercanos entre el Indohyus y el hipopótamo”, incide Thewissen.

“Sin embargo, el vínculo entre ballenas e hipopótamos es muy fuerte”, añade el científico, quien, en la revista, niega la posibilidad de que éstos últimos, con 15 millones de años de antigüedad, sean antepasados de aquéllas, con unos 50 millones de años a sus espaldas.

Desde la época del biólogo británico Charles Darwin (1809-1882), quien sentó las bases de la Teoría de la Evolución, los científicos han sabido del pasado terrestre de las ballenas, pero en los últimos quince años, gracias al hallazgo de restos fósiles, se han producido grandes avances para determinar ese paso de la tierra al agua.

Precisamente una serie de fósiles de Indohyus hallados al norte de La India y Pakistán, mucho más gruesos que los de otros mamíferos del mismo tamaño, como son los mapaches, son los que han posibilitado que los expertos dedujeran que estos animales herbívoros pasaban mucho tiempo en el agua.

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“Indohyus era un comedor de plantas y ya era acuático. Aparentemente el cambio en la dieta que les hizo convertirse en cazadores de animales (como hacen actualmente las ballenas) llegó después de la adaptación al agua”, comenta Thewissen.

Este científico, de larga trayectoria investigadora en el universo de los cetáceos, ya consiguió en 2001 descubrir el primer esqueleto de la “Pakicetus attocki”, la especie de ballena más antigua de la que se tienen datos y que da muestras, junto a la “Ambulocetus”, de las primeras vivencias de esta familia de animales en el agua.

Via: terra