Sin miedo ante una entrevista de trabajo

La entrevista laboral se debe entender como un cara a cara entre un empleador -piensa que si se ha puesto en contacto contigo es porque, al menos, cree que tu currículo es interesante- y tú. Lo más habitual es que el encuentro se resuma en una conversación, en la que tendrás que hablar sobre lo que mejor conoces: tú mismo. ¿Por qué quieres trabajar en la empresa? ¿Qué has estudiado? ¿De qué logros te sientes más satisfecho? ¿Por qué crees que eres el candidato que busca la firma? ¿Qué sabes de su organización?

A parte de hacer una presentación de la compañía, el entrevistador se limitará a escucharte, a observar tu forma de expresarte, tus gestos, tu vestimenta… Esto no debe intimidar a nadie. Más bien al contrario: para salir airoso de una entrevista de trabajo  lo mejor es comportarse como realmente somos. Si te has preparado previamente el encuentro -investigando cuestiones como a qué se dedica la compañía y qué posición tiene dentro del sector-, la seguridad en ti mismo será la clave para superar el proceso de selección.

Por otra parte, la ropa dice mucho de la personalidad de los candidatos y hay muchos que no dan a este aspecto la importancia que merece. Generalmente, la vestimenta debe adecuarse a las características del puesto a cubrir y, en ocasiones, es un aspecto que se tiene en cuenta. Lo que importa es ser coherente: para acertar lo único que funciona es el sentido común.

Sólo en ocasiones, el seleccionador puede intentar averiguar información adicional a través de preguntas que pueden resultar comprometidas, como “¿Qué esperas de mí como jefe?”, “¿fumas?” o “¿trabajarías los fines de semana?”. Una respuesta adecuada a estas cuestiones podría ser: “De usted espero poder contar con el apoyo y la ayuda necesaria para desarrollar mi puesto de forma eficaz”, “fumo algo, aunque no me supone ninguna dificultad no hacerlo durante la jornada laboral” y “en principio no tendría inconveniente en trabajar los fines de semana”, respectivamente.

Pero recuerda: mantén siempre la calma. Como decía Diane Keaton a su bebé en aquella famosa película de los 80: “Baby, tú vales mucho”. Tenlo presente durante toda la cita.

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Vía: expansión y empleo